Banderita tú eres roja

Banderita tú eres roja

Ayer el Ministro Cristóbal Montoro anunció el reparto de la “inversión estatal regionalizable” dentro del marco de la presentación de los Presupuestos Generales del Estado para 2015. Semejante eufemismo, adjetivo ausente del DRAE incluido, se refiere a la inversión en infraestructuras que el Estado realizará en cada comunidad autónoma. En el 2014 estuvimos a la cola de España. Este año casi.

No hablamos ahora de la financiación autonómica, es decir, del reparto que el Estado hace de su excedente recaudatorio entre las comunidades autónomas para proveer de fondos a sus respectivas administraciones -donde también estamos a la cola-, sino de la inversión directa del Estado en infraestructuras de su competencia dentro del territorio autonómico. Vamos, lo que se van a gastar aquí en carreteras nacionales, autopistas, líneas ferroviarias y demás.

Este año, como se acercan elecciones y Valencia se les ha puesto cruda, la discriminación es un poquito menor; aunque todavía gigantesca, como se verá. Ser débil tiene eso, que si estabas acostumbrado a que te dieran veinte patadas en el culo se supone que estarás contento de que te den sólo diecinueve. Y estamos contentos, como también se verá.

El Estado invertirá en la Comunidad Valenciana el próximo año 776 millones de euros en obras públicas. Esto representa un 6,9% del total de la inversión regionalizable, para una región en la que reside el 10,8% de la población y aporta al PIB el 9,6% del total bruto nacional. La descompensación es más que evidente, añadida al hecho agravante de que es crónica. Pero el año pasado fue el 6,2%, o sea, que Fabra puede vender muy bien esta nueva humillación diciendo que es un 26% más de inversión en cifras totales (el año pasado el Estado destinó menos a obras) y no mentirá. Aunque es sólo un 4,2% más en cifras relativas: o sea, diecinueve patadas en el culo en lugar de veinte.

Para verlo a través de comparaciones, que es como se ve mejor, digamos que cada valenciano tocará a 155,4 €, en tanto que cada castellano-leonés a 699, o cada gallego a 504, cada cántabro a 390 y cada extremeño a 335. Por ejemplo. O que por detrás sólo tendremos a navarros y canarios (ambos con regímenes fiscales privilegiados), y a Cataluña y Madrid (con otro tipo de compensaciones inversoras que transitan por distintas vías políticas).

En agradecimiento a tamaña deferencia, ayer mismo, mientras Montoro sonreía delante de las cámaras presentando los presupuestos, 20 coches oficiales llegaron a la gigantesca rotonda del cruce de la Alameda con el puente del Regne para asistir al izado y rendimiento de honores a una descomunal bandera de España de 24 metros cuadrados sobre un mástil de treinta metros de altura que la ciudad ha regalado (¿) a la Guardia Civil con motivo del día de su Patrona. Los ocupantes de los 20 coches oficiales y 200 niños sacados de un colegio cercano presenciaron un desfile militar y el izado. Y nadie más. La bandera ha costado 15.000 € a las arcas municipales y ondeará permanentemente en ese punto de la ciudad, en suelo público. O sea, que no se ha regalado a la Guardia Civil, al menos de momento. Tenía otra finalidad, que se acercan tiempos difíciles y el 9 d’octubre está a la vuelta de la esquina (ja en parlarem). Por detrás de la bandera asomaba y asomará para siempre el cercano y todavía hoy desnudo Palau de les Arts Reina Sofía, donde ya no tendremos este año Festival del Mediterrani ni Zubin Metha ni Reina Sofía que valga, entre otras cosas por la negativa rotunda de ese mismo Estado al que rendimos lealtad a ayudar con algo más de los 397.000 cochinos euros a una temporada de ópera que, en Madrid, por ejemplo, recibe cerca de 12 millones. Que vengan a Madrid a ver ópera estos provincianos, qué cojones, que para eso les hemos hecho el AVE. El propio Zubin Metha, después de desgañitarse durante años con ministros de distinto signo político y de implorar la intercesión de la Reina para lograr que le hicieran un poco de caso a su Festival, tiró por fin la toalla y estalló este verano con esta frase brutal pronunciada en público y en Barcelona: “No entiendo como no es Valencia la independentista. ¿Por qué Madrid odia a Valencia?”

Le perdonamos el desliz a Metha y su desconocimiento de la Historia. Madrid, evidentemente, no odia a Valencia. La desprecia.

En fin, que las dos fotos de ayer eran un poema: en una, un Montoro indolente perpetuando la discriminación. En otra, un cuarteto para la Historia: señor con tricornio, Rita tan alegre como siempre, con ese vestido rosa con el que nos parece haberla visto ya hace cuatrocientos años, Fabra tan aseado y tan poco más, y algún otro señor o señora que no recuerdo. Detrás, la flamante bandera de 24 metros a la que rendiremos tributo de nuestra españolidad como si fuera necesario recalcarlo, como si alguna vez se hubiera puesto en duda. Como un deber. Y por detrás de la bandera, el Palau de les Arts sin cubierta, sin ayuda del Estado y muriéndose de pena. Do ut des, decía el adagio latino. Nuestra clase dirigente aún no lo ha entendido.

Mientras, todo sigue igual. Como hace 400 años, más o menos. Un Conde-duque andaluz mofándose de los valencianos “muelles” (aquel orondo, este enclenque, pero ambos igual de implacables), un Felipe perdido en las nubes rosadas de la realeza, y una burocracia mirando para poniente (esta vez, en lugar de las Indias una Galicia que recibirá un AVE de 25.000 millones de euros en plena crisis, imposible de rentabilizar jamás, con once túneles cada uno de los cuales cuesta lo mismo que toda una Ciudad de las Ciencias). Y, propios y extraños, poniéndonos a los valencianos como ejemplo paradigmático de despilfarro y mala gestión. En fin, es lo que tiene la política; o tienes el poder o lo padeces; o mandas u obedeces.

Ayer obedecimos, una vez más. Y lo hicimos muy bien. ¡Viva España!, qué carajo.

Guillermo Colomer

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