El Impuesto del Incremento de Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana en los tiempos del hundimiento del valor de los terrenos de naturaleza urbana

El Impuesto del Incremento de Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana en los tiempos del hundimiento del valor de los terrenos de naturaleza urbana

Perdón por la longitud del título, pero es que con el título ya está escrito medio artículo. La idea es bien sencilla. Cualquiera de ustedes se habrá visto, si tiene un mínimo patrimonio inmobiliario, en la situación de pagar, un día u otro, un impuesto municipal que no entiende. Cuando vende o recibe por donación o herencia un bien inmueble de naturaleza urbana, habrá observado que el ayuntamiento de la localidad le cobra una cantidad elevadísima por un impuesto que, en la notaría o el propio ayuntamiento, llaman comúnmente “la plusvalía”. Como generalmente este gasto se asocia a otros de la operación, tales como comisiones por mediación de agentes inmobiliarios, abogados, gestoría, impuesto de transmisiones patrimoniales, actos jurídicos documentados, sucesiones o donaciones, y honorarios de notario y registrador, es bastante natural que lo confunda con otros conceptos. Pues bien, camuflado con todos esos otros conceptos, fiscales o no, hay un impuesto poco menos que imposible de explicar: la “plusvalía”.
En las facultades de Derecho se nos enseñaba que la creación de impuestos debe obedecer a la existencia de un “hecho imponible”, y que ese hecho imponible ha de ser, más o menos, la puesta de manifiesto de una obtención de “riqueza” por el contribuyente. O sea, que a la que usted le dé a entender a la Administración que ha ganado dinero de algún modo, o que lo tiene, la administración le extraerá una parte de su “manifestación de riqueza” para hacer frente al sostenimiento de los gastos públicos.

Si en algún impuesto es discutible esa “obtención de riqueza” es en este; y si en algún momento ha sido una idea sencillamente falsa es ahora. Según el llamado por la Ley de Haciendas Locales “Impuesto sobre el Incremento del Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana”, usted deberá pagar por el incremento de valor que el suelo de cualquier inmueble urbano ha experimentado en el tiempo que media desde que lo compró hasta que lo vende, o desde que lo adquirió su causante o donante hasta que usted lo recibe por herencia o donación, con un máximo de 20 años. Para ello, el Ayuntamiento le valora el suelo de manera separada a la construcción, y atribuye, cómo no, a ese suelo, un valor cuantitativamente superior al real y desproporcionadamente superior al de la construcción. Hagan la prueba: miren el recibo del IBI urbano y observarán, con estupor, que, aun tratándose de un simple piso dentro de una propiedad horizontal en la que hay 20, 50 o 100 pisos, la fracción insignificante que le corresponde a usted en el solar (un 5%, un 2%, un 1%) es superior o como mínimo igual al valor de la construcción. Absurdo. Pero es que, además, el mecanismo del impuesto -que me privo de exponer aquí para no hacerlo más largo- no toma en consideración los precios concretos de compra y venta, ni siquiera sus valores estimados, sino el valor catastral y los años de permanencia en el patrimonio, como si supusiera que, por necesidad, cada año que usted o su causante tuvieron ese bien en su patrimonio, el precio del suelo subió y era usted cada vez más rico. Como, por ejemplo, en los últimos 7 años, ¿verdad? Pues bien, aunque esto de que ha sido cada año más rico sea flagrantemente falso, el impuesto se sigue sosteniendo hoy en esa ficción. Como se ve, cuando se trata de sacarnos el dinero, la Administración no da puntada sin hilo, aunque sea pasando por encima de la verdad.

Pero ahora vamos a la circunstancia concreta. Si compró un solar por 10 y lo vende por 100 es cierto que hizo un gran negocio. El impuesto estaría justificado: usted ha especulado con el valor del suelo urbano –cuyo sostenimiento conlleva unos gastos públicos- y debe pagar. Pero cuando ha heredado o recibido por donación, ¿qué plusvalía obtiene, qué negocio ha hecho? ¿No existe ya un impuesto de sucesiones y donaciones? ¿No prohíbe la Ley General Tributaria la doble imposición, diciendo que a un solo hecho imponible corresponderá un solo tributo y no dos, ni tres? Pero además, en estos tiempos que corren, cuando todo el valor del suelo urbano ha caído estrepitosamente, incluso hasta el 30 o 40%, incluso hasta cerca del 100% en los casos de terrenos rústicos recalificados temerariamente a urbanos por los propios Ayuntamientos en los tiempos del boom, en estos casos y en estos tiempos, ¿de qué manifestación u obtención de riqueza nos están hablando?

Sería muy interesante, ahora que vienen elecciones municipales, saber qué piensan al respecto los diferentes partidos que concurren a los comicios. Cómo justificarán seguir cobrando tal impuesto sin someterlo a las rebajas y exenciones que la propia ley les permite aplicar. No olvidemos que se trata de un impuesto donde cada ayuntamiento tiene un amplio margen de discrecionalidad para controlar su propia presión fiscal sobre los ciudadanos. Interesante saber qué harán. Y qué no harán.

Guillermo Colomer

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