El vaso medio lleno. Análisis económico por Benjamín Maceda

El devenir político influye con bastante intensidad en el estado de ánimo de los ciudadanos y también crea una atmósfera determinada, en función de los intereses del que analiza y hace uso de los datos.

Más allá de esta visión sesgada, deberíamos acostumbrarnos a analizar los datos en su justa medida y desde la perspectiva de un lapso de tiempo y no desde la miopía del momento.

Empezaré por decir que me considero un optimista en la mayor parte de los aspectos de la vida. En realidad, estoy convencido de que tenemos una cierta obligación de no dejarnos llevar por las malas noticias que con frecuencia llaman a nuestra puerta.

Hago estas consideraciones porque desde hace algunos meses, estamos asistiendo a una campaña de optimismo generalizada. Hasta hace un año estábamos en el furgón de cola de la economía y ahora ya estamos en el de la máquina. Ya estamos en la cabeza de la locomotora. Es algo que merece la pena analizar con detenimiento, porque ya hemos pasado por estos vaivenes en otros momentos no lejanos de nuestra reciente historia.

En este artículo pretendo hacer un recorrido por los aspectos más relevantes de nuestro panorama económico actual y, en otros próximos, centrar cada parte del análisis y relacionarlo con la realidad empresarial que nos rodea. Por tanto, en primer lugar, haré una mención somera de las cosas que funcionan bien y que son de sobre conocidas de todos: crecimiento, nivel de exportación, empleo y caída de la prima de riesgo. Sin embargo, también quisiera dejar patente los peligros y las debilidades de nuestra economía, así como las amenazas que se pueden vislumbrar en un futuro no muy lejano.Como ya he dicho, cada aspecto mencionado en este artículo será objeto de posteriores consideraciones con mayor nivel de detalle. Así pues, compartiendo la sana alegría de que algunos de los más importantes indicadores sean francamente favorables, no dejaré de nombrar otros que son preocupantes:

En principio, parece poco probable que volvamos a pasar por un período tan benévolo en aspectos tan relevantes como los tipos de interés (en torno al 0,30%), el precio de la gasolina (por debajo de los 50 dólares) y la paridad del euro con respecto a una parte importante de las monedas.

El segundo factor a tener muy en cuenta es la Deuda Pública que ha sobrepasado el 100% del PIB y promete seguir por ese camino poco alentador. Para valorar esto, habría que hacer un sencillo cálculo de los intereses en torno al 3% y nos encontraríamos con un alarmante incremento de la Deuda, basada tan sólo en el incremento de los intereses.

Cierto es que el desempleo está descendiendo y que el nivel de actividad se está incrementando. De todas formas, empiezan a vislumbrarse aspectos preocupantes de estos nuevos empleos. Ya se escucha a grupos, por ahora reducidos, de empleados que bordean la pobreza severa con el nivel de algunos salarios. Parece una buena idea que haya mini jobs para personas que no puedan dedicar más que unas determinadas horas al día. Sin embargo, es poco alentador el ver que algunos empleados que trabajan 8 ó 9 horas al día, tienen dificultades para poder vivir con dignidad.

Cada cierto tiempo se suscita la cuestión del peso del Gasto Público en la economía y en la competitividad de las empresas. Es un debate que se aparca con una cierta indolencia. Y mientras tanto, seguimos con unas estructuras duplicadas en gran parte, con organismos que no cumplen funciones determinadas. Estamos hablando de la Administración Central, de la Autonómica, de la Provincial y de la Local.

La banca no facilita el crédito

Los Bancos facilitan poco el crédito. Y muchas de las operaciones crediticias que se conceden están soportadas en el Crédito Oficial. Además los tipos suelen ser prohibitivos. Todos conocemos el pasado reciente y los problemas que arrastramos, pero es complicado pasar de un escenario de empresas tomadoras de crédito a otro escenario de empresas proveedoras de dinero al sistema bancario.

En otros artículos me detendré en estos y otros aspectos, pero sería bueno considerar la necesidad de que dejáramos de vivir en esta montaña rusa del optimismo más ciego, hasta el pesimismo más infundado. Es posible que sea un buen momento para templar las oscilaciones del estado de ánimo y que nos propongamos un equilibrio y mesura en el análisis y en la valoración del estado de nuestra economía y de nuestro tejido empresarial.

Benjamín Maceda

Benjamín Maceda López
Doctor en Economía por la Universidad de Valencia.
Profesor de la Facultad de Economía.
Directivo (financiero/general) de varias empresas de diferentes sectores durante 35 añosEn la actualidad asesor experto de empresas (proyectos de viabilidad y re-estructuración).

Deja un comentario

" alt="" title="" class="banner-image" width="100%" />

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.Más información