La política monetaria tras la Gran Recesión

La política monetaria tras la Gran Recesión

VALENCIAECONOMICA ‐ La Gran Recesión ha puesto a prueba a los principales bancos centrales del mundo que han tenido que recurrir a todo tipo de medidas extraordinarias y no convencionales para hacerle frente. Al análisis de estas medidas y a las diferencias entre las decisiones tomadas por cada una de las autoridades monetarias se dedica el último número de Papeles de Información Económica, editada por la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).

El diferente ritmo de recuperación económica y del proceso de reestructuración del sistema financiero ha provocado que mientras algunos bancos centrales, como la Reserva Federal de Estados Unidos, han puesto en marcha ya la estrategia de salida de las medidas tomadas en los últimos años, otros, como el Banco Central Europeo (BCE), están intensificando en estos días el carácter expansivo de su política monetaria. Los pros y contras del mantenimiento durante un prolongado periodo de tiempo de una política monetaria laxa son también objeto de análisis en este número que cuenta con artículos de Peter Praet, Consejero del BCE, Jaime Caruana, director general del Banco Internacional de Pagos, José María Roldán, presidente de la AEB, Pilar L’hotellerie y Javier Vallés, del Banco de España, así como de responsables de la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón, entre otras instituciones.

Una de las conclusiones es que una prolongada política monetaria expansiva puede retrasar las necesarias medidas de saneamiento de los balances y de reformas económicas; agudiza los riesgos y vulnerabilidades financieras, y tiene repercusiones globales al contribuir a la acumulación de desequilibrios en los países emergentes. Sin embargo, un abandono de estas políticas en un momento en el que el crecimiento económico es todavía débil y el desempleo se mantiene en niveles muy altos puede tener también consecuencias adversas. Fundamentalmente, que el desempleo se convierta en un problema estructural por la depreciación del capital humano y que se produzca una espiral bajista de la inflación y el estancamiento de la economía.

La opinión dominante es que la política monetaria no es la más apropiada para resolver problemas estructurales. La acomodación monetaria puede ayudar a ganar tiempo para acometer el necesario saneamiento de balances y reformas estructurales, pero no puede considerarse como sustituto de esas medidas. Una de las lecciones extraídas de esta crisis para los bancos centrales es que deben ser mostrarse más activos a la hora de contrarrestar los auges financieros y deben seguir estando dispuestos a utilizar toda su capacidad de prestamista de última instancia en caso de grave alteración de los mercados financieros. Otros retos para los responsables de la política monetaria es incorporar en su proceso de toma de decisiones las repercusiones que sus decisiones tienen en el resto del mundo y la mejora del diseño de sus políticas de comunicación.

Aunque la reciente crisis no ha quebrado la convicción de que la estabilidad de precios es la mejor contribución que la política monetaria puede hacer al bienestar social, sí ha estimulado la creación de nuevos instrumentos para responder a situaciones complejas y se ha puesto de manifiesto que el mantenimiento de la estabilidad de precios no es una condición suficiente para preservar la estabilidad financiera.

Por ello, es imprescindible la definición de un nuevo marco operativo para la política macroprudencial que atienda los riesgos financieros de carácter sistémico y un diseño institucional adecuado que internalice las interacciones entre la política monetaria y la macroprudencial.

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