Ribó, el casino hotel y otros cuentos chinos

Ribó, el casino hotel y otros cuentos chinos

Asistimos estos días a la censura del alcalde de Valencia, Joan Ribó, por la espantada de ARC Resorts ante la falta de interés de la Administración para sacar adelante el proyecto del hotel-casino en la Marina Juan Carlos I. El proyecto como recordarán contemplaba una inversión de 1.000 millones de euros, la creación de 20.000 puestos de trabajo, un impacto económico sobre el PIB de 11.000 millones de euros en los próximos 5 años y un incremento de turismo de Valencia de 3 millones de personas y el pago de la deuda de la Marina Real Juan Carlos I que asciende a más de 400 millones de euros, así como otras inversiones en proyectos actualmente parados como Parc Sagunt. Esto es lo que prometía la empresa. La letra pequeña la desconozco.

ARC Resorts ahora negocia con Málaga y Venecia para ubicar este tinglado, tal como argumentan para provocar cierta envidia y de paso abrir la espita para la trifulca política, aunque tal como está la oposición dígase PP o lo que queda, poca cosa. En su lugar son las redes sociales donde se libra la batalla por responsabilizar al alcalde y al equipo de gobierno de sectarios y de atender más a la ideología que a la economía.

Tal como está planteado muchos podrán pensar que el alcalde de Valencia es lerdo por dejar pasar a este nuevo bienvenido mister Marshall. Pues saben que les digo, que no. La Copa del América iba a sacar a Valencia de la mediocridad y convertirla en la élite mundial de la vela. Un década después ya nadie se acuerda de aquello más que por la desorbitada deuda que ahora hay que gestionar. Y la Formula Uno. Más de lo mismo. Y de eso se trata, de no repetir errores, porque los recursos económicos y financieros, por desgracia, para los valencianos son limitados.

Ideológicamente se podrá coincidir o no con Joan Ribó, de sus declaraciones salidas de tono, de sus astracanadas, pero hay que saber distinguir el grano de la paja. La hipoteca para la ciudad de Valencia a buen seguro no compensaría las promesas millonarias de ARC Resorts. Hipotecaría el presente y el futuro de la Marina Real, de la dársena del puerto de Valencia, del turismo de calidad, del derecho de los valencianos a disfrutar de un espacio público.

En el fondo del debate y donde muchos no parecen darse cuenta está la pregunta del millón: cuál es el futuro que queremos para las próximas generaciones. Cuando se habla de cambiar de estructuras productivas se está hablando de buscar un futuro mejor para los miles y miles de jóvenes que tienen que emigrar al extranjero por falta de oportunidades. Porque en definitiva la pregunta es bien sencilla: qué queremos un país de camareros (con todos los respetos). Porque el empleo de ARC Resorts se generaría en el sector servicios a cambio de unos privilegios que el resto de empresas no disfrutan y a buen seguro difíciles de justificar.

Esta semana se ha destapado el escándalo de las cuentas offshore de Panamá, o lo que es lo mismo el debate sobre los paraísos fiscales. ARC Resorts, domiciliada en Singapur y sedes en  Sri Lanka, Kazakhstan, Reino Unido, Suiza y Mónaco. A que les suena a cuentos chinos. 

Finalizo. A todos aquellos que encienden las redes sociales con mensajes y titulares por renunciar a la propuesta millonaria de ARC Resorts les invitaría a ver la película del valenciano Berlanga “Bienvenido mister Marsall” o seguir el ejemplo de la ‘cultura del esfuerzo’ que promueve Juan Roig a través de Lanzadera en La Marina de Empresas. Valencia no está en venta y menos a precio de saldo.

 Juan Antonio Sanjuán

 

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